Si el cielo pudiera hablar....
Probablemente se escucharía como un anciano que añora sus épocas de galán. Diría que antes solía ser bello y lozano, que sus colores hacían a la tierra bella y que su eterno amor por ella todo lo hacia perfecto. Diría que la tierra era preciosa y que, gracias a ese amor, prometió abrazarla por la eternidad, protegiéndola de los peligros de aquel basto espacio en donde viven. Diría que ella era cálida, que tenia las formas exactas para ser perfecta, que sus colores lo seducían, las curvas de su piel eran mágicas y su aroma exuberante.
Contaría que aceptó también proteger a los habitantes diminutos que la tierra, cual madre protectora, dejo evolucionar y perfeccionarse en su piel. Les dio todo lo que tenía, puso a la disposición de ellos sus colores, sus sabores y por supuesto la hermosa y delicada protección de su amado también. Tanto los amaron, tanto les dieron, jamas les negaron nada. La tierra les dio sus secretos mas escondidos, dejo que entraran en sus entrañas, que usaran sus campos, que vivieran en ella pues creía que aquellos seres tan minúsculos no podrían sobrevivir en un espacio tan basto y solitario. No, ellos iban a tener un hogar y la tierra les dio su piel y los amó.
Tanta libertad les dio que se sintieron con el poder de hacer de ella lo que quisieran. Poco a poco fueron hiriéndola mas, sometiendola a mas dolor, explotandola, hiriéndola. No la escucharon y menos sintieron sus gemidos dolorosos en los cantos de los pájaros, en el rugir de las olas, en sus vientos fríos o en el susurro de sus bosques. Ella se fue haciendo vieja, perdía sus colores, soportaba en silencio las guerras, los incendios, las plagas, las fabricas, los autos, las ciudades que se comían sus bosques. Pero, el cielo nunca la dejo, se fue haciendo viejo con ella, perdiendo sus azules y celestes, desordenándose en sus ciclos, olvidando donde debía de hacer frió y donde debía de dar el sol; las estaciones ya no iban en el orden que siguieron por milenios ya no se pudo hacer nada para las heridas que se habrían, cada vez mas grandes y en mas sitios, en sus brazos fuertes.
Si el cielo pudiera hablar diría que se arrepiente de haber dejado que vivan en la piel de su amada, pero seguiría manteniendo la promesa de amor que le hizo alguna vez, cuando eran jóvenes, cuando no existía el odio, las bombas, las industrias, el dolor.
Probablemente diría, en tono melancólico que la amaría y la protegería hasta el fin, que sus brazos aun están fuertes para seguir en aquel abrazo eterno, que aguantará y que nada, ni siquiera la vejez de aquella que el ama, haría que la suelte. Como buen padre, esperaría que aquellos algún día miren arriba y vean que el aun sigue ahí, y se den cuenta de que existe, de que todo lo ha visto y ya nada lo sorprende, pero que aun espera que sientan aquel amor y que sepan que seguirá ahí, pues una promesa hizo y no la olvidará.

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